La semana pasada me invitaros y entrevistaron en la única cadena de radio que tiene un programa sobre mascotas en Canarias, y la segunda que lo tiene en toda España. Se llama Mascotaventura y tiene sus estudios en La Cuesta, en La Laguna. Me invitaron a hablar sobre San Antonio Abad y la tradicional bendición de los animales el 17 de enero. Fue una hora de conversación agradable, cercana, tratando el tema de las mascotas de múltiples maneras. Pero, entre todos los temas tratados, me quedo con uno que considero muy importante, porque explica cómo somos ahora como sociedad y la razón de ser profunda de la tenencia de mascotas: Los grandes cambios sociales y todos los avances acaecidos tienen que ver con la relación de los humanos con los animales.
Del paleolítico al neolítica se pasó cuando el humano dejó de perseguir a los animales como cazadores para domesticarlos como agricultores y ganaderos. La rueda, ese gran invento tecnológico que transformó los medios de producción y que tuvo tanto valor futuro como el descubrimiento del fuego antaño, estuvo vinculado al tiro de los animales de carga que facilitaron el trabajo humano. El proceso de domesticación de los animales ha tenido, por tanto, una consecuencia domesticadora -organizadora, diríamos- de la vida social. Cuánta razón tiene quien afirma que habitamos la Casa Común que nosotros, como humanos y responsables, debemos cuidar porque tenemos los medios intelectuales para hacerlo.
En el relato de la Creación que nos ofrece el libro bíblico del Génesis, Dios mira a Adan y reconoce que está solo. Las aves del cielo, los peces del mar y los animales de la tierra fueron creados para su compañía bajo la condición de que Adán le pusiera nombre. Nombrar la realidad es, de alguna manera, un acto de colaboración con el Creador, lo que hace a Adán cocreador, administrador y no dueño, llamado al cuidado de lo creado. Pero cuando el hombre y la mujer se reconocen mutuamente, la soledad desaparece de forma definitiva. Una mascota es una mascota, pero una persona es una persona. Cuando tratamos a las mascotas como personas, en ocasiones, la tentación de tratar al ser humano como mascota es posible que aparezca. Los animales son un don del Creador a los que estamos llamados a cuidar como coparticipantes de la Casa Común que habitamos.
Estas consideraciones están detrás del hecho de bendecir lo real. Decir bien -bendecir- de lo creado de igual modo que Dios ha dicho bien de lo creado. Y pedirle a Él que bendiga a quienes hemos puesto nombre nosotros y de los que decimos bien con nuestro cuidado. San Antonio Abad fue un sacerdote egipcio que puso en marcha la experiencia de vida monástica. Su vida estuvo marcada por la austeridad y la vida retirada, dedicándose a la oración y el estudio. Cuentan que en una ocasión intercedió por las crías de una cerda que padecía una enfermedad que les producía ceguera. La curación de las crías hizo que la cerda acompañara a San Antón el resto de su vida. Es por eso por lo que en la iconografía del santo siempre aparece con un cerdito a sus pies. Está leyenda piadosa hace de San Antón patrón de los animales, especialmente de los domesticados.

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