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La Carta de la Semana (23/2/2018): «PROTAGIZADORES DE LA VIDA»


Encendemos la televisión y nos sentamos a ver un programa o una película. Los protagonistas son otros. Ellos cantan, o bailan; ellos narran su vida o protagonizan un guión. Son otros los protagonistas. Lo mismo ocurre cuando leemos una novela o escuchamos una canción: otros son los protagonistas. No nos viene mal esta experiencia, pues no conviene acabar llevando al extremo lo de que "nadie escarmienta en cabeza ajena". Los demás nos sirven de referencia, de motivación, de criterio de discernimiento. Esto ocurre en lo material y, también, en lo espiritual. Los demás son mediación y referencia para poner la vida en la dirección adecuada.

Pero en algún momento de nuestra vida hemos de decidirnos a protagonizar nuestro propio destino. Muchas cosas nos tocan a nosotros. Caen bajo nuestra responsabilidad. Hemos de tomar decisiones y asumir riesgos. No nos conviene ser exclusivamente espectadores de nuestra propia vida. Y "haberlos los hay", que prefieren que otros tomen las decisiones, que otros asuman los riesgos, que otros se ocupen de los asuntos. Delegadores como tono vital. Incluso en la hermosa experiencia del trabajo en equipo, se necesitan toma de decisiones y responsabilidades personales asumidas y comprometidas.

El recién estrenado tiempo de Cuaresma comienza en el primer domingo con una oración que resume todo su contenido: "(...) concédenos crecer en la inteligencia del misterio (...) y vivirlo con mayor prenitud (...)". Porque no se trata de ser meros espectadores de la vida de Jesús, sino protagonizar nosotros el misterio de la fe. Protagonizar nuestra conversión, nuestro camino de mejora. Es lo propio de este tiempo, que no puede consistir solo en ir mirando lo que ocurrió, o reducirnos ir despertando sentimientos ante lo ocurrido entonces; debemos ser protagonistas de lo que acontece, por su gracia, en nosotros. Así seremos sujetos activos y corresponsables de la vida social y de la vida eclesial. Y, sobre todo, de nuestra vida personal.

En España nos han acostumbrado a que todo nos viene del Estado. Las subvenciones y la defensa de los derechos y garantías nos las dan. Hemos delegado bastante en quienes nos administran. Eso no está mal, si no nos impide olvidar que cada uno de nosotros debe protagonizar su propio destino. Conocer y vivir con mayor plenitud todo lo propio.

Nadie vive en tu nombre. Eres el protagonista.

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