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La Carta de la Semana (18/12/2014): "CENAS DE NAVIDAD"


El que más o el que menos ya ha mirado el almanaque y ha conjugado sus horarios laborales con los de sus más cercanos para organizar dónde y con quiénes compartir la cena de Navidad. Nos suele hacer ilusión compartir, bien esa cena bien la del día de Navidad con la familia, entendida ésta en su amplio sentido y en su hermosa configuración de espacio de cordialidad. Lo hacemos en los cumpleaños, o en las celebraciones de los sacramentos (primeras comuniones, bodas, bautizos, etc.) y lo hacemos por Navidad. En el fondo, sin necesitar que nos hagan una encuesta, estamos todos proclamando que la “familia” es un bien y que la “familia” nos hace bien.

Hacemos comidas de empresa o de instituciones en las que participamos, pero no dejan de ser, de alguna forma, una analogía de la que hacemos con la familia, con los nuestros, con aquellos en los que nos sentimos queridos incondicionalmente. Es cierto que, en ocasiones, la confianza y las discordias hacen intentos de estropear el encuentro y siempre aparece el bobo que aprovecha la ocasión para derramar con ironía lo que lleva entre las arrugas de su corazón. Pero, siempre anhelamos el encuentro, buscamos la reconciliación y superamos las diferencias porque, a la postre, la familia es lo importante.

Surgimos a la vida en el seno de una familia. Nuestro núcleo educativo central queda configurado por el ambiente familiar. Salimos de ella por motivos vocacionales, matrimoniales o laborales, pero siempre desea el corazón volver al seno que nos vio nacer. Ya nos podrán ofrecer un crucero por las más extraordinarias islas en estos días, que como sentarnos junto a los nuestros y volver a recordar aquellos momentos que quedaron grabados en nuestro disco duro vital, no lo podrá ofrecer nadie.

Por eso, creo yo, que cuando Dios pensó en acercarse a la humanidad de la forma extraordinaria que lo hizo con su encarnación, no evitó que fuera en el seno de una familia. Tampoco evitó que a la comunidad por él instaurada le surja junto con “iglesia” la consideración fraterna de la familia. Debe ser porque, en el fondo, en su seno trinitario, Dios es familia. 

Que nadie nos robe la cena de navidad. Que nadie nos robe la familia.

Comentarios

  1. Pues sí, hasta el mismo Dios quiso tener una familia. Buenísima reflexión. Saludos cordiales. Miguel (de Sto. Domingo).

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  2. Bonita y entrañable carta, D. Juan Pedro. No sé si habrá recibido nuestra "felicitación postal", por ello, le reitero nuestro deseo de una ¡Feliz Cena Navideña! junto a su familia. Un abrazo.

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