LA ÚLTIMA IMAGEN DEL CURSO


Hay imágenes que no solo retratan un acontecimiento. Hay imágenes que retratan un pueblo. Estas cuatro fotografías, contempladas juntas, dicen mucho de lo que somos los canarios. 

En una aparece la Virgen de Candelaria, Madre de Canarias, junto al sucesor de Pedro. En otra, un abrazo. En la tercera, la sonrisa compartida con una niña. En la cuarta, el encuentro respetuoso con quienes representan la identidad y la cultura de nuestras islas. No son escenas aisladas. Forman un único relato. 

Canarias ha sido, desde hace siglos, tierra de encuentro. Un puente tendido entre continentes, entre culturas, entre pueblos distintos. Quizá por eso la presencia de la Iglesia aquí siempre ha tenido un marcado acento de acogida, de cercanía y de diálogo. La fe no nos aparta de la realidad; nos introduce en ella con una mirada más humana. 

Para quien es creyente, la Virgen de Candelaria no es únicamente un símbolo histórico o cultural. Es una madre que sigue señalando a Cristo y recordándonos que la grandeza de un pueblo no se mide por su riqueza ni por su poder, sino por su capacidad de cuidar, abrazar y servir. 

Al contemplar estas imágenes descubrimos que la verdadera autoridad no se expresa imponiéndose, sino acercándose. Un abrazo puede explicar mejor el Evangelio que muchos discursos. Una sonrisa compartida puede abrir caminos donde otros levantan muros. 

Quizá por eso estas fotografías emocionan. Porque, siendo profundamente canarias, hablan un lenguaje universal: el del encuentro, la ternura y la esperanza.

Comentarios