La imagen de esta semana nos muestra unas manos que sostienen una forma consagrada. Es una imagen sencilla, casi silenciosa, pero detrás de ella hay una noticia profundamente elocuente: ante la escasez de hostias en Cuba, la Iglesia en Panamá ha enviado 35.000 formas, y desde Puerto Rico han llegado otras 300.000, para que las comunidades cubanas puedan seguir celebrando la Eucaristía.
Puede parecer un gesto pequeño, casi material: enviar hostias. Pero para un cristiano no es poca cosa. La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia, el alimento de la fe, el lugar donde la comunidad se reúne para recibir a Cristo y reconocerse como familia.
En Cuba, las hostias se elaboran en un monasterio de Carmelitas Descalzas. Pero los cortes constantes de electricidad han reducido mucho la producción. Las religiosas hacen lo que pueden, los sacerdotes racionan, y los fieles esperan. Y entonces aparece la fraternidad: Iglesias hermanas que tienden la mano.
Esta imagen nos recuerda que la comunión no es solo una palabra bonita. La comunión se hace concreta cuando una comunidad sufre y otra responde. Cuando falta la luz eléctrica, no debe apagarse la luz de la caridad. Cuando falta el pan para la Eucaristía, otros hermanos lo preparan y lo envían.
Quizá esa sea la gran enseñanza de esta semana: la fe también viaja en gestos humildes. Y a veces, en una pequeña hostia blanca, cabe toda la fuerza de una Iglesia que no quiere dejar solo a nadie.
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