UN SACERDOTE EN LA PARED


La imagen de esta semana es un mural. En la pared de un edificio aparece el rostro de un sacerdote que ya no está. El ayuntamiento ha querido recordarlo así: vestido de mago canario, mirando al horizonte, rodeado de flores y de fiesta. Un retrato grande, visible, casi inesperado en medio de la calle. 

No es frecuente que un sacerdote acabe pintado en una fachada. Normalmente los murales recuerdan a deportistas, artistas o personajes populares. Pero esta vez la memoria colectiva ha querido detenerse en alguien que dedicó su vida al servicio de los demás. 

Quizá ese sea el verdadero mensaje de la imagen. Porque la vida de un sacerdote no suele ser espectacular. Se compone más bien de gestos pequeños: escuchar, acompañar, celebrar, consolar, bautizar, despedir, animar la esperanza de la gente. 

Por eso resulta significativo que la sociedad quiera agradecerlo. Cuando una comunidad recuerda así a uno de sus sacerdotes, está reconociendo algo sencillo pero profundo: que hubo alguien que caminó con ellos en los momentos importantes de la vida. 

Esta imagen es oportuna cerca del Día del Seminario, una jornada en la que la Iglesia invita a rezar por quienes hoy se están preparando para ser sacerdotes. Jóvenes que, en medio de un mundo lleno de caminos posibles, se plantean dedicar su vida a servir a Dios y a los demás. 

El mural no es solo un recuerdo del pasado. También puede ser una pregunta hacia el futuro. Porque detrás de cada sacerdote que hoy recordamos hubo un día un joven que escuchó una llamada y decidió decir que sí. 

Y tal vez, entre quienes hoy pasan delante de ese mural, haya algún joven que todavía no lo sabe… pero que un día también podría dedicar su vida a esa misma misión.

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