La música como don: Paulus de Mendelssohn suena hoy en La Laguna



Esta tarde, a las ocho, la ciudad de La Laguna se abre a una experiencia que trasciende lo meramente musical. La interpretación del Paulus de Felix Mendelssohn, ofrecida gratuitamente por la Orquesta Sinfónica de Tenerife, constituye un gesto que merece ser subrayado: la cultura como don, como bien compartido que se entrega sin condiciones a la sociedad. 

No es frecuente que una obra de tal envergadura se ponga al alcance de todos con esta generosidad. Paulus, oratorio de profunda raíz espiritual, no es una pieza ligera ni de fácil consumo. Exige atención, disposición interior y, sobre todo, apertura a un lenguaje que une la música con la experiencia religiosa. Y, sin embargo, ahí reside precisamente su valor: en invitar a un público amplio a entrar en un espacio de hondura. 

La figura de san Pablo —eje narrativo de la obra— aparece en Mendelssohn no solo como personaje histórico, sino como símbolo de transformación. El paso de Saulo a Pablo, de perseguidor a apóstol, encuentra en la música una expresión que va más allá de lo descriptivo. Es una travesía interior que resuena en quien escucha, como si la partitura hablara también de nuestras propias conversiones. 

La ciudad de La Laguna, con su tradición universitaria y su tejido cultural, se convierte así en escenario de un acontecimiento que une historia, arte y espiritualidad. No es solo un concierto: es una propuesta de encuentro con una obra que ha atravesado siglos y que sigue interpelando al hombre contemporáneo en sus preguntas más profundas. 

Hay, además, un valor cívico en esta iniciativa. En tiempos en los que la cultura se mide a menudo en términos de mercado, ofrecer gratuitamente una obra de este calibre es una afirmación silenciosa pero firme: la música no es un lujo, sino un derecho; no es un producto, sino un patrimonio común. La Orquesta Sinfónica de Tenerife asume aquí un papel que va más allá de la excelencia artística: el de mediadora cultural. 

El propio Mendelssohn, heredero de la tradición de Johann Sebastian Bach, entendía la música como un lenguaje capaz de elevar el espíritu. En Paulus se percibe esa huella: coros que evocan la solemnidad, arias que invitan a la introspección, y una arquitectura musical que busca armonizar lo humano con lo divino. Escuchar esta obra es, en cierto modo, entrar en diálogo con la historia y la tradición. 

No se trata, por tanto, de un evento más en la agenda cultural, sino de una oportunidad singular. Quien acuda esta tarde no solo asistirá a un concierto, sino que participará de una experiencia que puede dejar huella. La música, cuando es verdadera, no se agota en el momento en que suena; permanece, transforma, acompaña. 

Quizá ahí radique el sentido último de esta propuesta: recordar que la cultura, cuando se ofrece con generosidad, tiene la capacidad de tejer comunidad. Esta tarde, en La Laguna, no solo sonará Mendelssohn. Sonará también una invitación a detenerse, a escuchar y, tal vez, a dejarse transformar.

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