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Desde la Palabra (01/01/2015): "¿CON QUIÉN MEJOR QUE CON LA MADRE?



Estrenamos un nuevo año. 2015 desde el nacimiento de Jesús. Y este primer día del año lo dedicamos litúrgicamente a recordar, venerar y encomendarnos a la Madre de Jesús, María Santísima, la Madre de Dios. Ese sencillo y grandioso título, fundamento de cualquier otro que podamos darle a la Virgen María. Ella es la Madre de Dios, la “Teotokos”, como la llamaon los padres del Concilio de Éfeso. Es la primera fiesta litúrgica mariana y con la que estrenamos el año nuevo. ¿Con quién mejor que con la Madre?

¿Cómo puede una mujer, ser en verdad la Madre de Dios? El ángel Gabriel ya se lo indicó en el momento de la anunciación: “Para Dios nada hay imposible”. Y esta es una de sus infinitas posibilidades, hacer de la naturaleza humana casa de acogida para la divinidad. En María, la Señora, las dos orillas se comunican: Dios y la humanidad. Cuando llegó el momento culminante, Dios envió su Hijo al mundo, nacido de una mujer, nacido según la Ley. Tanto amó Dios al mundo que hizo posible lo imposible, la comunión plena y perfecta entre lo humano y lo divino en la persona de Cristo. Y María fue su Madre.

Un cristiano, por el Bautismo, participa de la naturaleza divina, adquiere la filiación divina. Nos convertimos en familia de Dios. Hijos y herederos. El bautismo nos introduce en la comunión con Dios que será plena y definitiva en la Vida Eterna. Somos, como Jesús, y gracias a la obra redentora del Señor, hijos de Dios. Y si por Jesús, nuestro hermano y Señor, somos hijos de Dios, también somos verdaderos hijos de María Santísima. Su Madre y nuestra Madre. ¿Con quién mejor que con María para comenzar un año nuevo, un tiempo de gracia y salvación, un itinerario de conversión y caridad fraterna.

El tiempo es un don de Dios. Cada momento es un regalo. Cada día es una muestra de la generosidad de Dios. El tiempo se nos da para vivir en el amor y edificar la ciudad santa entre nosotros. La fe, la esperanza y la caridad son los materiales con los que vamos a construir este año un edificio en el mundo para nuestro Dios, un Reino de justicia y caridad. Vamos a edificarlo viviendo intensamente nuestro tiempo, convirtiéndolo en tiempo de salvación para los demás, especialmente para los predilectos de Dios, para los pobres y los enfermos. Construirle un espacio a Dios en nosotros y entre nosotros.

Hacer que nuestra vida sea bendición para los demás. Que nadie salga de nuestro lado y de un encuentro con nosotros sin sentirse bendecido por Dios. Como nos mostraba la primera lectura: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. Ser bendición para los demás, como Dios nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. ¡Qué tarea para el año que comenzamos! Ser bendición para los demás.

Lo que hemos recibido, darlo; lo que tenemos como don, entregarlo generosamente a los demás. Y guardar la belleza de esta experiencia en el corazón, meditándolo como hacía María, la Madre de Dios. Ella guardaba todas aquellas cosas meditándolas en su corazón. Nosotros igual. Lo vivido en este ciclo de navidad, entre el adviento que nos preparaba y estas fiestas entrañables de la Natividad del Señor, guardarlas en el corazón todos los días del año. Meditándolo de a poquito. Como la buena lluvia, despacio y serena, que empapa el alma y nos regala ser fecundos en favor de los demás.

Señor. Aquí nos tienes al comenzar el nuevo año 2015. Bendícenos y convierte nuestra vida en bendición para los demás. Danos un alma que medite serenamente nuestra condición de hijos de Dios y de hijos de María, nuestra Madre. Que no nos separemos jamás de ti durante todos los días de este año.

Santa María Madre de Dios. Ruega por nosotros.

Comentarios

  1. Me ha gustado la reflexión, especialmente "Lo vivído en estás fiestas guardalo en el corazón, todo los días del año" trataré de cumplirlo en mi.

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