La prudencia de la vacuna


Esta semana, el Servicio Canario de la Salud pone en marcha en los centros de salud la campaña de vacunación estacional frente a la gripe y otras infecciones respiratorias, dirigida especialmente a quienes presentan mayor riesgo de complicaciones. 

Una jeringa y un pequeño frasco pueden servirnos hoy para hablar de una virtud antigua: la prudencia. Porque prudencia no es miedo, ni desconfianza, ni hacer siempre lo más cómodo. Es mirar la realidad, conocer los riesgos, escuchar a quienes saben y tomar responsablemente las decisiones que ayudan a cuidar la vida. 

La medicina moderna nos ha acostumbrado a grandes avances, pero muchos de ellos solo resultan verdaderamente eficaces cuando van acompañados de pequeños gestos personales de prevención. Vacunarse, cuando está recomendado, forma parte de esos gestos que quizá parecen sencillos y que, sin embargo, pueden evitar complicaciones importantes, especialmente entre las personas más vulnerables. 

También aquí necesitamos equilibrio: ni alarmismo ni despreocupación. Informarnos bien, consultar a los profesionales sanitarios y actuar de acuerdo con nuestras circunstancias. 

Quizá esa sea una buena definición de prudencia: no esperar a que llegue el problema para comenzar a cuidar. Porque cuidar la salud no consiste únicamente en curar cuando enfermamos. Consiste también, muchas veces, en saber prevenir a tiempo.

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