El velero de cristal


Dentro de una semana, la Universidad de La Laguna volverá a tender un puente sobre el Atlántico. Del 19 al 30 de octubre celebrará una nueva edición de Campus América, ese espacio de encuentro en el que Canarias vuelve a reconocerse en una de sus vocaciones más profundas: ser tierra de paso, de llegada y de partida; lugar europeo que mira hacia América sin sentirla completamente lejana. Este año Chile será el país invitado y, durante dos semanas, la Universidad se llenará de conversaciones, experiencias, ciencia, cultura y educación. 

En medio de esa programación navegará un barco pequeño y, al mismo tiempo, bastante singular: El velero de cristal. No tiene puerto, quilla ni aparejos. Es una imagen, pero también un proyecto educativo. Su nombre quiere unir dos realidades aparentemente distantes: el velero, símbolo del viaje, y el cristal, cuya belleza nace de una estructura interior que no siempre descubrimos a primera vista. 

La iniciativa parte de una afirmación sencilla: los valores no se enseñan solamente; se descubren. Podemos explicar qué es la solidaridad, la justicia, el respeto o la fraternidad. Podemos escribir sus definiciones en una pizarra y hasta examinarnos sobre ellas. Pero únicamente comienzan a formar verdaderamente parte de nuestra vida cuando somos capaces de reconocerlos en la realidad, experimentarlos y convertirlos en una manera de relacionarnos con los demás. 

Por eso este velero propone recorrer tres caminos que rara vez aparecen juntos: la literatura, el arte y la cristalografía. La literatura nos permite entrar en otras vidas y aprender a mirar desde otros ojos. El arte nos educa para descubrir formas, armonías, contrastes y significados. Y los cristales nos recuerdan que detrás de aquello que contemplamos existe un orden, una relación entre las partes, una estructura que hace posible la belleza visible. Tres ventanas diferentes para una misma tarea: aprender a mirar. 

El próximo 22 de octubre, en la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna, profesores e investigadores vinculados a distintos ámbitos de conocimiento y procedencias compartirán esta experiencia desarrollada colaborativamente entre Canarias y diversos contextos latinoamericanos. Campus América ofrece precisamente el marco adecuado: no venir unos a enseñar a otros, sino encontrarnos para aprender juntos. (Universidad de La Laguna) 

Quizá esa sea también una de las tareas fundamentales de la educación de nuestro tiempo. Hemos multiplicado extraordinariamente la información disponible, pero disponer de información no significa necesariamente comprender la realidad. Educar exige enseñar a detenerse, preguntar, relacionar, interpretar y admirarse. La curiosidad y el asombro no son adornos de la educación: son algunas de las fuerzas que ponen en marcha el deseo de conocer. 

Hay además algo especialmente hermoso en imaginar este proyecto precisamente como un velero. Navegar significa aceptar que no dominamos completamente el viento ni el mar. Podemos preparar la embarcación, orientar las velas y conocer aproximadamente nuestro rumbo, pero siempre tendremos que contar con una realidad que es mayor que nosotros. También educar consiste en eso: acompañar sin poseer, orientar sin sustituir y ayudar a descubrir sin imponer de antemano todo lo que debe ser encontrado. 

Dentro de una semana Campus América abrirá nuevamente sus puertas. Y entre congresos, seminarios, exposiciones y encuentros, navegará este pequeño Velero de Cristal. Quizá su propuesta pueda resumirse en una invitación muy sencilla: volver a mirar la realidad con ojos capaces de descubrir. Porque probablemente los grandes valores que necesitamos para construir el futuro no se encuentren tan lejos. Tal vez estén ya delante de nosotros, esperando únicamente que alguien nos enseñe a mirar.

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