¿Dónde está el genio?


Un escaparate, unas lámparas de colores y, casi sin querer, la imaginación nos lleva a Las mil y una noches. Basta mirar una de ellas para recordar al genio de la lámpara maravillosa, capaz de conceder tres deseos y transformar, en un instante, lo que parecía imposible. 

Quizá alguna vez hemos deseado encontrar algo parecido: alguien que resuelva nuestros problemas, que elimine las dificultades, que haga aparecer aquello que necesitamos. Pero la vida real no funciona así. Nadie es el genio que todo lo puede. Todos tenemos límites. No podemos conceder todos los deseos ni resolver todos los problemas de quienes caminan a nuestro lado. 

Y, sin embargo, aquí está lo hermoso: todos podemos ser, alguna vez, para alguien, un pequeño genio de la lámpara. No porque hagamos magia, sino porque podemos facilitar un camino, abrir una puerta, escuchar, acompañar, cuidar, custodiar, levantar a quien ha caído o devolver un poco de esperanza a quien comenzaba a perderla. 

Tal vez la pregunta no sea dónde está el genio, sino para quién puedo ser hoy esa presencia que hace la vida un poco más fácil. 

Porque hay deseos que no necesitan magia. A veces necesitan, simplemente, a otra persona. 

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