Los zapatos


La imagen de esta semana es muy sencilla: un par de zapatos negros. No están en un escaparate. No son nuevos. Tienen esas pequeñas arrugas que va dejando el uso, las marcas discretas de haber acompañado muchos pasos. 

Los zapatos tienen algo profundamente humano. Mientras caminamos, ellos tocan la tierra. Nos llevan al trabajo, a una reunión, al hospital, a una casa donde alguien espera, a una iglesia, a una clase. Están presentes en muchos lugares, pero casi nunca aparecen en la fotografía. 

Quizá nuestra vida se parece bastante a estos zapatos. Lo importante no es permanecer impecables, sino haber servido para caminar. Hay personas que llegan al final del día cansadas porque han cuidado, enseñado, acompañado, escuchado, trabajado. Sus cansancios también hablan de amor. 

El Evangelio tiene mucho de camino. Jesús no espera a la gente instalado cómodamente: sale, recorre pueblos, entra en las casas, se acerca a quienes están al borde del camino. Y a sus discípulos les dice simplemente: «Id». 

Por eso, tal vez hoy convenga mirar nuestros zapatos y preguntarnos: ¿hacia dónde están llevando nuestros pasos? ¿A quién hemos salido al encuentro? 

Porque al final de la vida quizá importará menos cuánto hemos poseído que los caminos que recorrimos para acercarnos a los demás. 

Esta semana, la imagen son unos zapatos. Un pequeño recordatorio de que vivir es caminar… y que merece la pena gastar los zapatos haciendo el bien.

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