LA FUERZA DE LO INVISIBLE


La imagen tiene algo de parábola. En una pantalla, el Papa llega a Madrid entre saludos, cámaras y multitudes. Delante, en el silencio del monasterio de las Claras de La Laguna, el altar, las velas y la oración. 

Dos escenas aparentemente distintas. Una visible y otra escondida. Una ocupa los informativos; la otra apenas deja huella en las crónicas. Pero ambas forman parte del mismo acontecimiento. 

Vivimos en un mundo que mide la importancia por la visibilidad. Sin embargo, hay realidades decisivas que crecen lejos de los focos. Nadie aplaude una oración. Nadie la retransmite en directo. Y, sin embargo, cuántas veces sostiene lo que otros construyen. 

Mientras el Papa inicia su visita a España, unas monjas contemplativas acompañan el camino desde la clausura. No organizan actos, no preparan discursos, no aparecen en las fotografías oficiales. Su servicio consiste en algo tan sencillo como poner la mirada en Dios y presentar ante Él las esperanzas de toda la Iglesia. 

La fotografía lo resume admirablemente. La actualidad pasa por la pantalla; la eternidad permanece junto al Sagrario. Y entre ambas, una certeza antigua: no todos los voluntariados son externos. Hay manos que sirven trabajando y hay corazones que sirven rezando. 

Quizá por eso esta sea la imagen de la semana. Porque nos recuerda que, detrás de todo lo que se ve, suele existir siempre alguien sosteniéndolo en silencio.

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