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La Carta de la Semana (08/01/2015): "¡VOLVEMOS A CLASE!"


Después de estos días de vacaciones, después de festejar el nacimiento de Jesús, el fin de año y los Reyes Magos, hoy todos los alumnos vuelven a clase; volvemos a clase. Con lo que significa volver. Con lo que tiene de luz y de bruma… Pero, porque así son las cosas y el tiempo no se para, hay que volver.

De la misma manera que, en esta era digital significada por los emoticonos que sustituye a nuestra cara en el lenguaje no verbal, el castellano escrito tiene los signos de admiración. Así nos enseñó el profesor de lengua a llamar a esos palitos coronados con el punto alternativo al inicio y al final (¡!). Y por eso he vestido el título con ellos. Porque volver a continuar un itinerario de crecimiento intelectual, de aprendizaje, sea la que sea la etapa educativa, debemos hacerlo con entusiasmo y admiración. No se puede volver con las luces apagadas, con tristeza en los bolsillos y arrastrando el alma. Hay que volver con entusiasmo.

Hay que hacer un pacto global en contra de los lamentos. No podemos permitir, nunca más, que a enero se le describa avanzando pesadamente en una “cuesta”. Las dificultades están para ser superadas, no para ser derramadas como aceite para que patinen los pasos de los demás. Nada de lamentos cuando volvemos a retomar las clases y todo lo que ello supone.

No importa que ahora vengan exámenes y pruebas finales. No importa. Los problemas, los retos, las pruebas y los exámenes están para ser realizados, superados y aprobados. Y debemos enfrentarnos a ellos con ilusión. Repitamos que no valen la pena los lamentos compartidos que generan desánimo común. Fuera, fuera la pejiguera e insoportable sonsonete del “ay, que volvemos”. Quitemos las comillas y pongamos exclamación admirativa: ¡Volvemos a clase!

La vida es un camino. Caminantes somos. Vamos de camino. Pero nuestra condición exige que, con mucha frecuencia, retomemos el camino, que volvamos a la senda. Pues así es: que no se diga que nos tiembla el alma ahora que hemos celebrado en estos días la más grande prueba de amor divino.

Qué suerte tenemos. ¡Volvemos a clase!

Comentarios

  1. Mi querido D. Juan Pedro:
    En contestación a su alentadora y amable carta, coincido en casi todo lo que dice ¡Muy buena y estimulante misiva! Si bien, y si me lo permite, donde dice “…, debemos hacerlo con entusiasmo y admiración.” Un servidor pondría: “…entusiasmo, coraje y valentía”. Por dos razones: a) Los alumnos necesitan de ejemplos y palabra que le hagan vibrar (pasan de los eufemismos) y b) veo mucho cobarde, disfrazado falso prudente. La virtud de la valentía emparentada con la fortaleza, nada tiene que ver con la “temeridad”, pero si con el corazón, la inteligencia y la voluntad; como cantaban los “Panchos”. Perdone que esto da para mucho. Aprovecho para recordarle que rece por mí, como yo a diario lo hago por usted. Muchas gracias y un abrazo.
    Francisco-M. González

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