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QUINARIO - Tercer día: "AMOR EXTREMO"


“Tanto amó Dios al mundo...”. Todo aspecto de la historia de la Salvación nace de esta premisa. Todo tiene su origen en el amor de Dios. Con esta afirmación pasa lo que pasa con las cosas importantes que se nos han repetido muchas veces y, a fuerza de repetirlas, se nos olvida su novedad. Dios es amor. Dios es amar. Dios nos ama.

Uno tiene la preocupación, al hablar de este tema raíz y fuente de cualquier tema de vida cristiana, de ser escuchado como la actitud del que dice: “ya, ya; padre. Que sí, que ya nos lo dijo el catequista de la primera comunión”. Como si en la edad del encuentro con Cristo en la edad de la discreción sí podemos hablad del amor de Dios, pero cuando la vida nos hace crecer y maduramos, son afirmaciones que resituar dentro de un realismo nuevo que nos hace agarrar las riendas de la existencia y no perder el tiempo en palabras tiernas de infancia. Mala cosa si hoy, en este tercer día de nuestro Quinario, no asumimos el riesgo y la radical certeza del amor que Dios nos tiene. Nada va a tener sentido si no nace en esa fuente. “Tanto amó Dios al mundo...”.

San Agustín y Santo Tomás de Aquino son dos genios de la teología. Debemos volver muchas veces a ellos y ayudarnos de ellos para pensar el misterio de Dios. Son gigantes del pensamiento y de la fe. Ambos pretendieron ofrecer un itinerario de acceso al misterio de Dios. Un camino para encontrar a Dios. San Agustín nos abrió el camino del corazón: “Via amoris”, en el que con las potencias del alma -conocimiento y amor-, del deseo se pasa a la posesión. De la experiencia al amor. Santo Tomás nos abrió otro camino extraordinario: a Dios no sólo se le experimenta, sino que Dios es una verdad que se puede conocer: “Via rationis”. Con las herramientas del conocimiento intelectual nos ofreció caminos para encontrarnos con el misterio de Dios.

No se trata de dos caminos. Ese ha sido el error de muchos cristianos; hacer alternativa entre el conocimiento y el amor. No son dos caminos, sino un único camino, con dos carriles paralelos, que antes de que nosotros nos decidiéramos a andar por ellos, ya Dios mismo lo recorrió en nuestra búsqueda. Conocer y amar son las dos caras de la misma moneda de la fe. Creer es conocer y amar. Creer en Dios, creer a Dios, es conocer a Dios y amarle. Amarle y conocerle.

Creer es amar a Dios. Creer es amar al Dios que conocemos porque se ha revelado en Cristo. No se trata de discurso meloso para niños de primera comunión: es la verdad de Dios y es la verdad de la fe. “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”. Este es el resumen.

Dios es amor. Toda la revelación nos muestra esta verdad, esta única verdad: la Creación, la alianza con Noé, la alianza con Abraham, la alianza con Moisés... “Yo seré tu Dios”. Las palabras de los jueces, de los patriarcas, de los profetas, de los reyes... “Yo seré tu Dios”. Y, al cumplirse la plenitud de los tiempos, “tanto amó Dios al mundo”, que nos ha entregado a su propio hijo. Al Hijo del Amar del Padre. Cristo es el rostro humano del Amar de Dios.

Durante la última cena, con los apóstoles que había designado, Jesús nos revela el significado definitivo del amor de Dios. “Nadie tiene amor mayor que el que da la vida por sus amigos... Vosotros sois mis amigos”. Y ahí está, subido a la cruz por una amor hasta el extremo. Redimida la humanidad con un amor extremo. Salvación y plenitud de vida, gracias a su amor hasta el extremo. Por el mayor amor. Por el amor de Dios.

¿Qué es amar? ¿En qué consiste vivir el extremo del amor? ¿Es posible? ¿Es una exigencia para todos o es sólo para héroes de la vida cristiana que, por extraordinarios, no nos representan?

1.- Amar es una decisión de entrega. Por eso puede ser un mandamiento. Por eso es el mandamiento nuevo. Porque es algo que depende de ti y de mí. Nace de nuestra libertad enriquecida por la gracia de Dios. Uno puede decidir amar. Es una decisión, no un mero sentimiento. Es un sentimiento, pero no se agota en nuestro mundo sensitivo; exige nuestra mente, nuestra voluntad y todas nuestras facultades humanas. Porque es una decisión podemos amar a los enemigos. Si fuera la expresión de un atractivo emocional, los enemigos quedarían excluidos de nuestra posibilidad de amar. Este amor implica toda la persona y es una decisión de entrega. ¡Qué daño nos está haciendo socialmente los mensajes romanticoides de las canciones que tarareamos! Se nos gastó el amor... Se apagó el amor... Ya no había amor... Y cerramos el círculo de nuestros compromisos con la certeza interior de que es lo que hay que hacer. No, no y no. La ilusión de la primera misa le llega al sacerdote hasta que le llega. Luego queda la decisión de entregar la vida hasta la eternidad, tragando sal si hace falta sin hacer muecas. La luna de miel dura mientras dura, luego queda la decisión de entregarle la vida a ella o a él, llegando juntos el peso de una familia y la cruz gloriosa de la educación de los hijos. ¡Qué bien formulado está el consentimiento en la liturgia del sacramento! “Yo me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida!

No hay amor más grande que entregar la vida por los amigos..., nos dijo Jesús. Poco atractivo sensible tendría el espectáculo que contemplaría espiritualmente en el Huerto delos Olivos. Sudar sangre de angustia no es la manifestación emocional de un acomodo sensible...

2.- Amar es alimentar el amor. Alimentar, cuidar, potenciar, renovar... Porque lo humano es caduco y necesita ser despertado cada mañana. Si el amor es una decisión de entrega, el alimento de esa decisión de entrega necesita despertar los motivos diariamente. ¿Por qué amar y respetar los bienes y la fama ajena? ¿Por qué entregar hoy mi vida a Cristo? ¿Por qué renovar hoy mi entrega a la Iglesia? ¿Cuáles son los motivos por los que hoy le sigo diciendo que sí a Jesús? Despertar cada mañana los motivos de una amor entregado y extremado. Orar los motivos, suplicar la gracias para alcanzar fidelidad. Corregir errores y deterioros que la costumbre anquilosa. Si no nos cuidamos, si no prestamos atención a nuestra espiritualidad, es normal que se nos apague el fuego de los inicios. Cada mañana despertar a la aurora gritándole a Dios “Ven en mi auxilio...”.

3.- Amar es perdonar. Que es lo que más nos cuesta, sin duda, de la experiencia humana y sobrenatural del amor. Amar de manera incondicional, independientemente de los merecimientos. Amar. Decidir amar a todos, a cualquiera, siempre, en toda circunstancia. Cuando el viento sopla a favor y cuando rompe en contra. Amar al que despierta simpatía y al que no. Amar al que nos quiere bien y al que no. Esta es la decisión extrema que nos muerta el Cristo de La Laguna.

La experiencia del perdón es lo más divino que podemos experimentar en nuestra vida humana. Sólo Dios puede perdonar definitivamentemente, sólo Dios tiene poder para perdonar siempre y todo; porque Dios es amor. Y hacer esa experiencia nos diviniza, nos libera, nos recrea. Decidir amar hasta el límite del perdón nos alivia el alma. Amar es también perdonar.

4.- Amar es valorar la vida ordinaria. Se trata de una decisión de entrega estable que incluye la vida ordinaria. No se trata de un amor de fuegos artificiales que explotan y brillan una vez al año. Amar en bata y pantuflas, en el hoy de cada día. Un amor que vive la alegría de lo ordinario, de lo cotidiano. Tras una masacre o desastre natural, todos estamos con Haití... Pero frente al portal de tu casa sigue existiendo alguien que necesita tu amor en zapatillas: tu amor en tiempo ordinario. Lo extremado de la fidelidad que ha decidido vivir de cara a los otros y no enquistada en un individualismo insolidario o en un materialismo asfixiante. Hoy, y a tu lado, alguien merece ser amado; necesita ser amado.

5.- Amar es dar vida. Es la lógica aplastante de la revelación. Dios es amor y creó la realidad. El amor da vida; el odio mata. Una sociedad en la que la vida tiene valor, es una sociedad que ha aprendido a amar. Una cultura de muerte, lo quiera o no, manifiesta una sociedad egoista y autoreferencial. Amar es dar vida, pero, y ahí está el hermoso paradigma cristiano:

6.- Amar es dar la vida. Hasta la entrega total. Como Cristo. Como nuestros hermanos de Irak. Sembrarnos en Cristo, en el surco de la historia, como referencia de la buena noticia conocida. Son los mártires el tesoro de la Iglesia. Y sin ese espíritu de entrega total, que tanto nos falta a los cómodos cristianos del primer mundo, no es posible la respuesta positiva a la vida consagrada. Sin el ideal de un amor de entrega hasta el extremo, ¿quién va a renunciar a vivir una sexualidad, a unos bienes materiales y al uso de su libertad individual, consagrándose en pobreza, castidad y obediencia? No hay seminaristas porque no hay jóvenes que entiendan el amor extremado de Cristo que se entrega del todo y para siempre. Entregar nuestra vida en favor de los demás, por amor a Cristo... Ese es el ideal. Perder la vida por Él. Perder la vida en El.

Señor, Jesús, Cristo bendito de La Laguna, ya ves: estos son nuestros agobios, nuestras dificultades.

Ya sé hijo mío, ya lo sé. Si quieres ser feliz, anda, ve y no pongas el corazón en nada ni en nadie, vente conmigo y entrega tu vida a los pobres... Tendrás un tesoro en el Cielo; recibirás el ciento por uno... No te sientas incapaz de un amor así. Puedes porque yo te pensé capaz de amar hasta el extremo. No te contentes con un amor a ras de suelo... Eleva el vuelo. Ama hasta el extremo.

Santa María del Amor Hermoso, Ruega por nosotros.

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